Sacar la violencia de género del ámbito privado y colocarla como un problema social de grandes dimensiones, ha sido un avance significativo. Esto permitió desnaturalizar la violencia de las relaciones humanas que la legitimaban socialmente y justificaban la no intervención de los Estados.
En este contexto, ha sido fundamental considerar la violencia doméstica como una violación de derechos, pues esto obligó a los Estados a prevenir, sancionar y erradicarla con todos los medios y mecanismos necesarios,

